A veces viendo a mis hijos recuerdo las múltiples emociones que rodean a la infancia : la noche de Reyes (al menos en mi caso), la inminencia de las vacaciones de verano en Motrico, las Navidades con los primos que vivían en otro pueblo... En el fondo de todo estaba la emoción, la curiosidad, la incertidumbre y el pensar que estábamos a salvo de todo lo malo (salvo hostigamientos y maldades propias del colegio). Entonces tenía la esperanza de una vida excitante aunque sólo fuera en mis sueños, y os aseguro que pasaba más tiempo en la nube que en el mundo real.
Luego segun vas creciendo descubres el potencial de hacerte mayor, el tomar tus propias decisiones y" la edad del pavo", que por mal que lo pases siempre aprovechas las cena con las amigas para contar batallitas de aquel entonces. El acercamiento a los chicos, los palos que te llevas, el triunfo final...
En la trintena las ilusiones van un poco más a lo práctico, el pisito , la boda o el arrejuntamiento en todas sus modalidades, las cenas con amigos en casa (que curiosamente tras la emoción inicial nadie quiere volver a tomarse la molestia de repetir), y lo más de lo más : el nacimiento de los hijos.
Segun llegamos a la cuarentena, para algún idiota la mejor edad para las mujeres,( a saber en qué se basa) encontrar algo excitante en nuestra vida es algo casi imposible, porque casi todo lo que nos puede apetecer cuesta dinero, justo lo que no le sobra a casi ninguno de nuestros conocidos. Así que en algunos casos, sin esa gasolina que te hace tirar para adelante en tus momentos de debilidad a veces te apoyas en los demás, pero no siempre resulta.
La vida da muchas vueltas, y no siempre para donde tú quieres, y tampoco la gente a la que tu quieres está ahí, están sus cuerpos, pero no sus almas. Quien no tiene sueños no puede colmar los sueños de los demás, así que quizás estás muerto y ni siquiera lo sabes. El niño se ha ido y con él la ilusión.
En fin, esto es aplicable a todos, incluída yo, por no decir yo la primera
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